EL AMOR ES EL ESCENARIO DE QUIENES SOMOS
El amor no es solo una experiencia afectiva. Es el escenario donde se expresan nuestra historia, nuestros conflictos y la forma particular en que aprendimos a vincularnos.
La manera como elegimos a quién amar, lo que nos atrae, lo que nos hiere y la forma en que respondemos cuando una relación cambia, habla de nosotros mucho más de lo que imaginamos.
Por eso mi trabajo no consiste únicamente en ayudar a resolver los problemas de pareja. Mi propósito es comprender, junto a cada persona, por qué ama como ama y cómo esa forma de amar se fue construyendo a lo largo de su vida.
Creo que cada relación es una oportunidad para conocernos mejor. Cuando entendemos la lógica que define nuestra manera de amar, dejamos de repetir la misma historia y empezamos a construir vínculos más libres, conscientes y auténticos.

El dolor no solo se padece: también puede pensarse. Y cuando algo se piensa, ya no se vive del mismo modo.

Dejar de pelear con la realidad para poder empezar a pensarla.

Comprender el lugar que se ocupa en el vínculo, elecciones, mandatos y conflictos.

Menos juicio, menos exigencia, más responsabilidad adulta.
Desde el psicoanálisis, el trabajo terapéutico consiste en detenerse a pensar lo que se repite, lo que duele y lo que insiste, incluso cuando no todo sea tan comprensible.
La terapia es un espacio para poner en palabras aquello que se actúa, se calla o se justifica. No desde el juicio sino desde la comprensión.
No hay recetas que se repitan en pacientes porque no hay dos personas ni dos realidades psíquicas iguales.
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